MOVIMIENTO VITALby Mariana Montes Güemez
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Ser como el agua

Movimiento Vital · 13 de agosto de 2026 · 5 min de lectura

¿Cuántas veces nos encontramos buscando perfeccionismo? En nosotras mismas, en los demás. La vida perfecta, el trabajo perfecto, la mujer perfecta, la madre perfecta.

¿Cuántas veces nos encontramos emitiendo un juicio sobre una persona enfocándonos solo en una parte de ella, sin conocerla por completo, en su totalidad? ¿Cuántas veces somos receptoras de ese juicio?

Vinimos al mundo siendo seres perfectos y, conforme vamos creciendo, nos vamos moldeando. Muchas veces queriendo encajar en moldes en donde no cabemos, buscando la perfección sin habitar lo maravillosamente imperfecto. Nos desencontramos, nos perdemos o nos alejamos de nuestra esencia, perfecta tal y como es.

Del agua venimos, de ella podemos aprender.

El agua no espera a que el camino esté perfectamente despejado para correr, simplemente va surcando al andar, y si algo se interpone en su camino, tiene la capacidad de esquivarlo y seguir su curso; siempre encuentra la manera. ¿Y si se estanca? ¿Y si se queda ahí? Brota, explota, hace un desastre. El agua, que es vida, que nos trae a la vida, fluye, fluye imperfectamente perfecta.

Mi invitación es a ser un poco más como el agua: fluir en nuestros días, en nuestras vidas; no enfocarnos en la imperfección, sino habitarla y seguir avanzando con lo que hoy somos y tenemos, en total y absoluta presencia. Nunca sabemos qué nos encontraremos en el camino, y si nos quedamos estancadas en un lugar, pensando, buscando lo perfecto, atrapadas en algún juicio de una persona que no tiene la vida que queremos (porque muchas veces es así) y tampoco nos conoce en nuestra totalidad, no avanzamos, no fluimos, nos perdemos el camino y en él a nosotras mismas. El agua estancada se pudre, nosotras estancadas también. Perdemos la capacidad de expandirnos. Y quizás es por ello que nos sentimos agotadas, cansadas, perdidas, desorientadas.

Somos 60 % agua, nuestro cuerpo en su mayoría es agua.

Esta agua también es parte de nuestro mundo emocional: lloramos agua literal. De risa o de angustia. ¿Cuánto te permitís llorar? ¿Cuánto permitís que tus emociones fluyan y sean? Las respuestas nos dan información. Y sé que muchas veces queremos llorar y no lo hacemos, y esa emoción, esa agua que necesita salir, se estanca, queda atrapada y no resulta casual que luego nos enfermemos, un resfrío, una tos o algo mucho más grande.

La vida, tu vida, tal cual es hoy puede ser perfectamente imperfecta. Habitar la incomodidad que nos genera un juicio de nosotras mismas o de otra persona, una situación que no nos gusta, un trabajo que no nos alegra, una circunstancia cualquiera fuere. Dejame decirte que nada es permanente, nada es para siempre, que así como el agua vos tenés la capacidad de cambiar tu realidad, y no es de la noche a la mañana. Es empezando por aprender a fluir, conectar con el presente y con lo que ahora sos y tenés (no necesitás más cosas para tenerte a vos y ser), agradecer a las personas, situaciones.

Agradecer el hoy tal y como es. Si al agua algo no le gusta, no se detiene ahí.

Muchas veces no comprendemos, mejor dicho nuestra mente racional no comprende, el hecho de agradecer una situación que no nos gusta, el juicio de otra persona, el trabajo que me agota, las sillas de mi casa que ya no me gustan. Lo que sea que te esté pasando, tenés la posibilidad de agradecerlo así tal y como es, sin intentar buscarle etiquetas y sin ponerle tanta emoción. Es decir, dándole solo la atención necesaria, justamente para no estancarte y quedarte ahí.

Todo en la vida es un proceso; la silla que hoy no te gusta puede ser la que mañana regales porque compraste una nueva que sí te gusta, a la cual hoy considerarías perfecta. Pero esa silla que para vos era imperfecta porque ya no te gustaba, en ese momento era perfecta para que vos te sientes a disfrutar un desayuno, una comida rica, subirte arriba para buscar algo alto de la alacena, o lo que sea. Entonces, ¿cómo no agradecer?

El punto está en dónde ponemos el foco y nuestra atención.

A lo mejor hoy no tenés todo lo que deseás en tu vida, ¿y si en vez de desear pensaras en merecer? El deseo parece que fuese como algo inalcanzable; el merecimiento es saber que merezco tener una vida digna de ser vivida.

Por eso, mi invitación a ser como el agua es desde el lugar de imaginarte siendo agua que corre, que fluye, que avanza. Si ve una piedra gigante la pasa por un costado; no se detiene a observar y a enfocarse en la enorme piedra que no le está permitiendo seguir, me gusta imaginar que dice "ya fue, intento pasar por el costado" y al hacerlo celebrar. Y en el camino imagino que el agua se va encontrando con tantas cosas lindas y no tan lindas, y elige seguir, elige avanzar. Un cauce imperfecto que avanza, crece y se expande. ¿Y si te imaginas siendo ese agua que describo?

Quizás hoy tu cauce de agua es pequeño e imperfecto, pero a medida que avances se irá expandiendo, creando nuevos caminos, nuevas conexiones, abriéndose a nuevas posibilidades, y aquello que veías como imperfecto hoy puede ser lo más perfecto del mundo mañana. Porque elegiste seguir a pesar del miedo, de los juicios, del qué dirán, de las limitaciones, de las circunstancias.

Un recordatorio:
No necesitás pedir permiso para existir y ser, como el agua. Te invito a ser como el agua.

Un abrazo,
Marian.

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